Cuando el Estado afirma su rol en esferas de la seguridad, que dicho sea de paso, es una de las razones por la cual existe entre la anuencia de los ciudadanos y que lo consagramos a través de la legitimación electoral, el individuo no deja de existir, no se reduce a su mínima expresión, sino más bien, debería entenderse que se reafirma, que tuvo sentido su apoyo, que su amparo bajo aquel tiene razón de ser porque aparece cuando es necesario.
La seguridad para el Estado si es un bien público, para cualquier otro grupo irregular no lo es, y precisamente no lo es porque es un asunto privado, de rentas, de supervivencia. La seguridad como bien público va mas allá de un asunto orden ciudadano, y esto tiene mayor relevancia cuando ésta defensa desde el Estado debe darse en una de las fronteras mas peligrosas del mundo. Foreing Policy destacó hace par de años la peligrosidad de nuestra frontera con Colombia equiparándola a los niveles que existen entre las fronteras del Chad y Sudan o entre Camboya y Tailandia o entre Afganistán y Pakistan. A inicios de mayo en un artículo llamado bordes peligroso tratamos el tema de la significación de nuestra frontera con Colombia y su ascendencia en nuestra sociedad. En Colombia se vivió luego de los años 90 un proceso de cooptación del Estado por parte de grupos irregulares. La cultura de la violencia en la sociedad Colombiana se traslado también a la estructuras del Estado, al punto, que según un estudio acucioso de varias organizaciones Colombianas, en el año 2002, 8 de cada 10 parapoliticos fueron parte de la coalición gubernamental del ExPresidente Uribe Vélez. La unidad de justicia y paz de la fiscalía Colombiana indican que una tercera parte de los Alcaldes y Gobernadores de Colombia en la ultima década pudieron haber sido promovidos por el narcoparamilitarismo. En el año 2008 la misma Fiscalía Colombiana investigaba a 87 Congresistas por tener relaciones con el paramilitarismo, en el año 2010 se condenaron 25 de los 87.
Esta realidad vecina debe acogerse desde la dimensión del Estado con toda la responsabilidad que amerita. Nos enfrentamos a mas de 3 décadas de estratagemas para la cooptación de estructuras políticas e infraestructuras estatales. El proceso de paz en Colombia generara una mutación que tendrá sus ecos. Realmente se trata de no dejar que el Estado se convierta en una excepción.
@villachitty

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