7 de agosto de 2014

CONSTITUYENTE Y REPUBLICA

Una constituyente no es instrumento para cambiar el Gobierno y tampoco debe serlo para aferrarse en el poder. Es un recurso delicado para encarar en el debate las entrañas de los cimientos políticos, sociales, históricos y culturales del país que concluyan en una norma que se ponga en función y represente un cambio profundo de país. ¿Acaso quienes las proponen aspiran eso?

La constituyente de 1998 no estuvo concebida, pensada políticamente, vista desde la posteridad, en herramienta para cambiar el gobierno de turno, fue parte de la campana, pero se llegó primero al poder y luego se convocó. ¿A quién se le puede ocurrir convocar una constituyente, o en su defecto, generar expectativas de una implementación real desde la acera de enfrente del poder en las condiciones actuales sobre las que se encuentra? Un grave problema que enfrentó aquella constituyente, y que hoy podría repetirse, es que efectivamente estuvo a los tiempos políticos de su propugnante, pero estaba en los tiempos en contra del país. Aquel debate se dio en el marco de un velo histórico de la condena del sujeto político civil impulsado desde 1958. Nosotros mismos lo desaparecimos de la constitución en su nomenclatura, eliminamos el financiamiento público de los partidos políticos, relegando la política a los privados, fortalecimos el presidencialismo ampliando las competencias presidenciales y limitando el poder legislativo. El contexto del velo histórico nos hizo hacer más presidencialista y alejar el único sujeto político civil edificado distinto al caudillo militar personalista.

El país no se merece una constituyente para cambiar al Presidente, pero tampoco para instaurar el socialismo. Una constituyente es para transformar un país y avanzar en la construcción de una nueva República. El país merece que sus instituciones las conformen hombres de Estado y no de Gobierno. Empresarios productivos y emprendedores y no enfermos importadores. El país merece la construcción o reconstrucción de un sujeto político distinto al que nos ha puesto las entrañas de la patria. Cuando la clase política ponga eso en el centro del debate, tendrá vigencia discutir el encuentro y promoción de una constituyente. De lo contrario, ponerlo en función del socialismo o la democracia, y no a favor de la República, es contrario al país.

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