Articulo para el diario Ultimas Noticias
Inflación y pobreza no son
amigas, ni del gobierno porque lo erosiona, y ni de la ciudadanía, porque la
empobrece. Una acelera y destruye la posibilidad concreta de superar la otra.
En los registros de las instituciones oficiales de nuestra historia económica
contemporánea nos encontramos con resultados alertadores. Para el año de
1997 se estimaba que por cada punto porcentual de inflación la variación
promedio de la pobreza aumentaba unos 0,45 puntos porcentuales, mientras que la
variación promedio de la pobreza crítica aumentaba 0,25 puntos porcentuales. En
lo concreto, lo real, esto significó que al final de año por cada punto
porcentual adicional de inflación, el número de hogares pobres en promedio
aumento 18.605 y el número de hogares en pobreza crítica aumento en 10.329. La persistencia de la inflación aleja
a la superación real de la pobreza, acerca la erosión, el desequilibrio y
fortalece escenarios que allanan la gobernabilidad.
El problema de la inflación en Venezuela tiene
una dinámica propia que es ajena a su estructura económica. Más allá del modelo
económico vigente, padecemos una inercia inflacionaria asociada a unos
controles de precios prolongados y a los vulnerables ajustes en política
cambiaria. El problema no es relativamente nuevo, lo venimos padeciendo desde
finales de los años 80 y se agravo en los 90’.
Lecciones recientes nos dictan cuales
políticas no deben repetirse para combatir la inflación, pero como suele
suceder, la historia, en este caso en su dimensión económica, suele dejarse de
lado. La aceleración
inflacionaria observada en periodos anteriores ocurrió en contextos donde los
controles de precios han sido utilizados durante períodos prolongados. También
la historia reciente nos dicta y advierte que las políticas anti-inflacionarias
basadas fundamentalmente en el ancla cambiaria no han sido suficientes para
abatir la persistencia de la inflación y mucho menos en contextos fiscales no
consolidados.
Sabiendo
que no repetir, también hay acciones por emprender. Si protegemos el valor real
del salario de los trabajadores, fortalecemos nuestra política fiscal,
auspiciamos la producción nacional y disciplinamos el gasto público, al país
todo le ira mejor.
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