Por Nelson J. Villavicencio
Los resultados de los dos últimos procesos
electorales han llevado a la oposición Venezolana a una situación compleja
internamente. No cabe duda que al interior de la oposición existen posiciones
encontradas de forma y fondo en torno al modo de luchar frente al actual
Gobierno. Podemos decir que actualmente existen en ella tres corrientes; La
primera, los
dialoguistas, encabezada por los partidos históricos y tradicionales (COPEI
y Acción Democrática) que reclaman la necesidad imperante de un dialogo y
encuentro con actores del Gobierno Nacional en procura de la defensa de temas
de interés general. Una segunda corriente, liderada por la Diputada María
Corina Machado y el Ex Diplomático Diego Arria, que podemos llamar los demócratas
radicales, los cuales reclaman la dificultad de poder vencer electoralmente
a Chávez si no hay un cambio profundo en el sistema electoral y político. Y un
tercer sector, que denominamos mesurado formalista,
los cuales son partidarios ante todo de mantener los logros que ha obtenido la oposición
(La unidad que se ha venido construyendo, el 44,31% de los votos obtenidos en
las elecciones presidenciales que suman un total de 6.591.304 Venezolanos, un
discurso desideologizado y pluralista). Esta última corriente es la de mayor
preponderancia a lo interno de la oposición Venezolana en la actualidad y es la
liderada por el Ex candidato presidencial y actual Gobernador del Estado
Miranda, Henrique Capriles Radonsky.
No obstante, no deja de ser cierto que la
necesidad de revisión interna de la oposición ha sido aceptada por quienes la
dirigen. Un testimonio de ello es que el día 23 de enero, a propósito de la
conmemoración de los 55 años del derrocamiento de la última dictadura
venezolana en su historia contemporánea, el Secretario Ejecutivo de la Mesa de
Unidad Democrática (MUD), espacio donde converge la oposición venezolana, ha
hecho público un documento donde se expresan doce objetivos nacionales de lucha
que suponemos van en la dirección de acoger ese reclamo de revisión interna que
se venía haciendo. La mayoría de estos nuevos objetivos nacionales planteados
por la oposición son de naturaleza ciudadana y constitucional. Sin embargo,
dada la incertidumbre sobre el regreso del presidente de la Republica y las
convocadas elecciones de Alcaldes y Concejales para el mes de Julio, la agenda
de este actor político estará constreñida los próximos meses por estos hechos.
Es decir, la oposición difícilmente podrá esquivar la agenda electoral, un
reclamo constante que se le hace desde la ciudadanía. Esta agenda electoral que
asumirá la oposición Venezolana resultara ser una prueba de fuego para mantener
sus principales logros alcanzados -la unidad interna- dada las actuaciones de
resistencia de algunos de sus actores producto del contexto político actual y
del florecimiento de intereses deshomogenizados. Estos resultados electorales
próximos pudieran convertirse para la oposición Venezolana en una frustrante
antesala ante un posible nuevo proceso electoral presidencial.
Ahora bien, podemos analizar la pregunta que
nos hacemos sobre la posibilidad de un Chavismo sin Chávez parafraseando el
adagio criollo “No hace falta quien se va, sino quien no ha llegado”. Pero,
¿Cómo se hace cuando quien se ha ido es el Presidente de la Republica y
quien debería regresar es el mismo? El asunto puede ser más complejo. El
Presidente Chávez puede no estar y hacer falta –como efectivamente sucede- pero
puede volver, superar su falta y posiblemente dejar de estar. Este es un
escenario racionalmente previsible si asumimos y le damos carácter veraz a los
informes que han comentado los distintos estados de salud del mandatario
Venezolano. Los informes médicos públicos en su mayoría expresan una situación
delicada, compleja y difícil. Lo que sucede actualmente en Venezuela no
responde a ningún artilugio -como todavía muchos creen- para elevar el nivel de
popularidad de Chávez y fortalecer su proyecto político. Esa atrevida
imaginación de algunos se cae por las propias cifras que siguen respaldando la
gestión actual del Gobierno, por los índices de popularidad de Chávez y por las
dos victorias electorales en el último trimestre del año 2012.
La ausencia presidencial no ha desgastado al
proyecto político de Chávez ni socavado su base social de apoyo. Muy al
contrario sobre las previstas disputas internas en el Chavismo para algunos
sectores del país, la no presencia del mandatario Venezolano ha venido a
fortalecer el proyecto político oficial en el partido de Gobierno y en el
componente militar. Estos dos actores del proyecto Bolivariano, junto a la
petrolera PDVSA, son los que garantizan la estabilidad política en Venezuela en
la actualidad. La paz y la gobernabilidad en Venezuela estarán garantizadas en
la ausencia de Chávez siempre y cuando exista un entendimiento político entre
estos actores. El chavismo supo convertir su amenaza en una oportunidad para su
continuidad. Con esto concluimos y afirmamos que actualmente el poder económico
expresado a través de Petróleos de Venezuela (PDVSA), el poder político
encarnado en el Vicepresidente Maduro (Eje Habana-Caracas) y el poder militar
representado en Diosdado Cabello (FANB), garantizarían la continuidad del
proceso Bolivariano ante una previsible ausencia del mandatario Venezolano Hugo
Chávez. Siempre y cuando esto sea así, la estabilidad política en Venezuela
está garantizada.
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